El ictus, una carrera contrarreloj


Una de cada 6 personas tendrá un ictus a lo largo de su vida. En los últimos años, el ictus ha experimentado un gran crecimiento gente joven y adultos jóvenes. De hecho, la cuarta parte de los afectados son menores de 65 años y el 15% tienen menos de 45.

El ictus es la segunda causa de muerte en España (la primera en mujeres), y la primera causa de discapacidad adquirida en el adulta y la segunda de demencia.

El ictus o Accidente Cerebrovascular (ACV) son interrupciones del riego sanguíneo en alguna parte del cerebro. Es la patología neurológica que genera más peticiones de asistencia sanitaria de emergencia.

Una de las claves para el éxito en la atención del ictus es la rapidez con la que se detectan los síntomas iniciales y se contacta con los sistemas de emergencias sanitarias para intervenir con la mayor rapidez posible.

Para conseguir ese rápido tratamiento es importante incidir en la prevención e información a la ciudadanía sobre los factores de riesgo y los síntomas de alarma, así como disponer de una buena coordinación entre los servicios de urgencia y los centros sanitarios. Esta coordinación se denomina como código ictus.

El código ictus establece los protocolos que deben seguir los distintos equipos en caso de sospecha de ictus.

El objetivo clave del código ictus consiste en reducir el tiempo entre el inicio del icuts y el acceso a un diagnóstico y tratamiento especializado. Proporciona un plan integral que incluye la atención extrahospitalaria, urgencias hospitalarias y todos los tratamientos e intervenciones de rehabilitación posteriores.

Según su etiología, los ictus pueden ser isquémicos o hemorrágicos:

  • Ictus isquémicos: Se debe a la falta de riego sanguíneo en una zona del cerebro. Es el tipo de ictus más frecuente, ya que supone el 80% de los casos.
  • Ictus hemorrágico: También conocidos como hemorragia cerebral, se debe a la ruptura de un vaso sanguíneo. Corresponde al 20% de los ictus. En la mayoría de los casos es debido a un pico hipertensivo, a un aneurisma congénito o a un traumatismo.

Los síntomas de un accidente cerebrovascular son muy variados. Los más frecuentes son:

  • Pérdida de fuerza en un brazo o en una pierna.
  • Parálisis en parte de la cara.
  • Dificultad para expresarse o para entender.
  • Uso de un lenguaje ininteligible.
  • Dificultad al caminar, pérdida de equilibrio o de coordinación.
  • Mareos.
  • Dolor de cabeza brusco, intenso e inusual, casi siempre acompañado de otros síntomas como náuseas o vómitos.
  • Pérdida de visión en un ojo o en ambos.

 

Dejamos un vídeo en Español Latino del Departamento de Salud Pública de Massachusetts sobre los ictus.

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